¿Quién era Santa Lucía?

Nace Lucía en Siracusa de Sicilia, probablemente, el año 251 de nuestra era, en el seno de una familia Cristiana, que pertenecía a la rica nobleza terrateniente del lugar. Lucio, su padre, murió cuando la niña contaba apenas cinco años, quedando bajo la tutela de Eutiquia, su madre. Con el paso de los años, Lucía se convierte en una bella jovencita, modesta en su comportamiento y dotada de gran bondad.

Su madre soñaba para ella con un feliz matrimonio. Pero Lucía abrigaba en su corazón un propósito distinto: Se había consagrado al Señor con voto perpetuo de virginidad. Siguiendo las enseñanzas del Evangelio, convenció a su madre para vender todo su patrimonio y repartirlo entre los pobres, las viudas y los huérfanos, costumbre que observaban los primeros cristianos. Este gesto era señal evidente de fe cristiana, porque sólo los discípulos de Cristo llegaban al desprecio de los bienes materiales.

Semejante generosidad tan ejemplar para los cristianos de Siracusa, causó estupor entre los paganos Esto fue lo que pensó un joven de alta sociedad, que deseaba ardientemente casarse con Lucía. Ante la negativa de la joven para atender sus deseos, se confirmó en su sospecha de que Lucía fuese cristiana. Así pues decidió denunciarla ante le prefecto de la ciudad para que el peso de los decretos imperiales recayera sobre ella.

Eran tiempos poco tranquilos para los seguidores de Cristo. El emperador Diocleciano en el año 303, decreto la persecución más cruel contra los cristianos que se registrara en la era romana.
Lucía fue presentada ante Pascasio, prefecto de Siracusa, bajo la imputación de ser cristiana. Este le ordenó que sacrificara a los dioses, a lo cual, se negó rotundamente contestando “que los que viven casta y piamente, son templo de Dios y morada del Espíritu Santo”. Pascasio se enfureció y ordenó que la llevaran a un prostíbulo, pero ni los soldados ni varios pares de bueyes, lograron moverla del lugar. Acusada de brujería fue condenada a la hoguera, más las llamas que se levantaron no causaron el menor daño a la Santa. Pascasio, sin poder contener la ira, mandó que fuera decapitada. Comprendió Lucía que el momento de confesar a Cristo y morir mártir por El había llegado, se arrodilló para recibir el golpe mortal y un esbirro le cortó la cabeza. Era según la tradición, el 13 de diciembre del 304.

Su cuerpo fue depositado en las catacumbas que llevan su nombre, convirtiéndose enseguida en lugar de numerosas peregrinaciones.
La devoción popular abunda en piadosas leyendas sobre Santa Lucía. La mas famosa cuenta que la Santa se arrancó los ojos y los envió en bandeja de plata al joven que se enamorara de su belleza. Otra, que el poeta Dante Alighieri, curó de una grave enfermedad de la vista, originada por las lágrimas derramadas en la muerte de su amada Beatriz. Por eso habla de Santa Lucía con gratitud en su Divina Comedia.
Francisco Pérez Vega, 2006

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